Durante cinco meses
y gracias al ejercicio de una habilidad sin par, el noble comandante
Miguel Grau había conseguido poner en aprietos a la Escuadra
chilena. Estos decidieron poner fin a sus correrías,
para lo cual concentraron su poder y estrecharon el cerco en
torno a tan valiosa presa
El glorioso piurano Miguel Grau Seminario yace en el fondo del
mar, pero desde los abismos submarinos del Pacífico,
se levanta su figura limpia y vertical, para señalarnos
la ruta de la abnegación y del sacrificio.
El
enemigo lo consideraba un barco fantasma, ya que se deslizaba
entre los puertos chilenos con la destreza de un gato, manteniendo
en zozobra a un enemigo enteramente superior, capaz de estar
en varios lugares bombardeando muelles, rompiendo bloqueos
e interceptando cargamentos.
Esa mañana de octubre, la leyenda
del “Caballero de los Mares” se acuñaba
con sangre sobre la torre de control del monitor Huáscar.
Para la mayoría de compatriotas,
Grau es sinónimo de gloria, honor, caballerosidad y
arrojo. Existen miles de páginas escritas sobre el
desempeño del almirante; sin embargo, pocos conocen
su labor como político, amigo o padre de familia.
Para muchos, el 08 de Octubre de 1979
se perdía la Guerra del Pacífico, y de esa manera
se cumplían cabalmente las palabras del Almirante.
En las páginas de la bitácora
del monitor Huáscar, Grau escribió:
“Os puedo asegurar que si el Huáscar no regresara
victorioso, yo tampoco he de regresar” y esa mañana,
sobre el Pacifico, nuestro Almirante encontraría la
gloria eterna coronada con la inmortalidad de sus hazañas.
CASA MUSEO
Considerada monumento nacional, y restaurada totalmente, la
casa donde nació el Almirante Grau, abrió sus
puertas el 27 de julio de 1964, estando desde entonces bajo
la custodia de la Marina de Guerra del Perú por intermedio
de la Comandancia de la Primera Zona Naval, con sede en Piura.
La finalidad de su funcionamiento
es rendir culto permanente a la memoria del gran Almirante
del Perú don Miguel Grau y que su obra, de dignidad
y grandeza espiritual con la que alcanzó la Gloria,
sea como un faro, cuya luz, proyectada en la conciencia nacional,
haga apreciar con toda nitidez, cuáles son nuestros
deberes para con la Patria, sobre todo en los momentos más
apremiantes.
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