Allí donde empieza el Perú y donde el calor es más que sofocante, se encuentra el Parque Nacional Güeppí-Sekime, que adquirió esa categorización el 24 de octubre del 2012, luego de 15 largos años de intensas coordinaciones. Hoy los habitantes de esta área natural celebran que las leyes peruanas protejan este paraíso lleno de delfines rosados y de cientos de mamíferos y aves.
Como lo atestigua el sociólogo Teófilo Torres, Jefe de la Zona Reservada de Güeppí durante muchos años, el trabajo por consolidar la conservación de esta importante área natural ha sido duro, pero el compromiso y la dedicación de 30 comunidades nativas pertenecientes a las etnias Kichwa, Secoya y Huitoto, dieron el resultado anhelado.
Con esta categorización el Estado peruano muestra su compromiso con los derechos y la dignidad de los pueblos indígenas, cuyos recursos naturales y servicios ambientales se estima beneficiarán a más de 3 mil habitantes que corresponden a 722 familias distribuidas en 29 centros poblados, la mayoría de ellos miembros de comunidades nativas.
Güeppí-Sekime, es un paraíso de 203 628,51 hectáreas de bosques, que está ubicado en los distritos de Teniente Manuel Clavero y Torres Causana de la provincia de Maynas del Departamento de Loreto. Su reciente designación como parque nacional tiene como objetivo proteger la diversidad de paisajes y ecosistemas de las ecoregiones de Napo y Japurá-Negro y las especies que éstas albergan, en especial aquellas amenazadas y endémicas.
Gracias a su ubicación en las llanuras de inundación, colinas y terrazas altas, alberga una amplia diversidad de flora silvestre amenazada como el palo rosa, el cedro blando y colorado. Y es un hábitat de especies como el emblemático manatí, lobo de río, caimán, águila arpía, el armadillo gigante, el oso hormiguero, los bufeos gris y colorado, así como aves endémicas.
En el río lagartococha, fronterizo con Ecuador, se encuentran gran cantidad de paiche. Asimismo, en este sector se han encontrado restos arqueológicos de culturas preincaicas que pueden proporcionar valiosos datos sobre la ocupación humana en ese lugar.
Todo ello, sumado a sus hermosos paisajes, posicionan al Parque Nacional Güeppí-Sekime como un potencia destino ecoturístico, que beneficiaría directamente al desarrollo económico sostenible de la población local.
La conservación une a tres países
La categorización de la Zona Reservada de Güeppí es un gran logro que fortalece el esfuerzo conjunto de conservación que nuestro país comparte con Ecuador y Colombia, que se orienta a la gestión coordinada del corredor La Paya-Güeppí-Cuyabeno en el marco del Programa Trinacional que es una iniciativa de integración fronteriza amazónica en la cuenca media del río Putumayo.
Ubicadas en la zona de frontera de los tres países, las principales amenazas que enfrentan estas áreas naturales son la tala ilegal, la caza y pesca indiscriminada y la ampliación de terreno agrícola.
Hasta antes del 2005 no existían mecanismos de comunicación para enfrentarlas. “Si Ecuador detectaba madera ilegal cruzando la frontera, no podía pedir ayuda a Perú; hoy se hacen patrullajes conjuntos”, señala Paola Veintimilla, bióloga del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp), quien trabaja arduamente por la preservación del Parque Nacional Güeppí.
El Programa Trinacional nació para dar respuesta a este problema y tiene financiamiento de la Unión Europea, la Comunidad Andina, la World Wide Fund for Nature y otras instituciones internacionales.
Las FFAA apoyan al desarrollo de los pueblos fronterizos y la defensa del ecosistema en la Amazonía.
La riqueza natural del Parque Nacional Güeppí hace que se vea amenazada por una serie de actividades ilegales como la tala y la pesca indiscriminada, la contaminación de los ríos y la cacería ilegal.
Ante esta amenaza contra la seguridad de la vida y con la finalidad de salvaguardar el ecosistema de este importante recinto ecológico, la Marina de Guerra viene ejecutando constantes acciones para reprimir todo acto ilícito, a través del control y vigilancia de todas las actividades que se realizan en el medio acuático y lacustre, contribuyendo de esta manera al desarrollo nacional.
En ese sentido, la Marina de Guerra ha efectuado operativos orientados a contrarrestar la navegación informal y la pesca ilegal, las cuales han permitido reducir la deforestación de nuestra Amazonía, concientizando a la población a su cuidado y preservación. En cuanto a la tala ilegal – el año 2012 – se ha registrado un promedio de 11 mil trozas de madera de tipo cumala, tornillo, marupa, capirona, lupuna, cedro, pumaquiro y moena amarilla, que fueron incautadas en Iquitos durante diferentes operativos.
Su trabajo permanente también se extiende en la lucha contra el narcotráfico y la minería ilegal en el Oriente Peruano, a través de los puestos de Capitanías que se encuentran equipados con lanchas de interdicción fluvial.
Relevante aporte
Asimismo, la Marina de Guerra viene promoviendo viajes de ayuda humanitaria a través de los ríos de la vasta selva, emprendiendo verdaderas cruzadas de apoyo a las comunidades ribereñas ubicadas a lo largo de los ríos Napo, Yavarí, Putumayo y Amazonas.
En esta zona del país no existe carretera y la única manera de llegar a sus destinos es por aire o movilizarse por bote a través de los ríos. Allí, la Fuerza Aérea cumple una encomiable labor “tendiendo puentes aéreos” llevando en sus alas esperanza y el apoyo oportuno al desarrollo de estos pueblos.
Comprometidos en dar la mano a todos los peruanos, la Fuerza Aérea del Perú – representados por el personal del Grupo Aéreo N° 42 – asegura la continuidad de los vuelos de acción cívica para las localidades de Güeppí, Soplín Vargas, El Estrecho, Caballococha, Angamos, Contamana, entre otros poblados.
Esta labor constante permite que los pueblos que se encuentran diseminados en las riberas de los ríos amazónicos reciban apoyo en situaciones de emergencia.
Otra de la formas de trabajo de esta institución es la valiosa y oportuna ayuda que llevan a los pueblos, trasladando en sus aeronaves víveres y medicinas para los pobladores de escasos recursos económicos.